Sin movimiento no hay aprendizaje: ¡fuera sillas!

Laura Bermúdez

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“Pasamos el primer año de la vida de un niño enseñándole a caminar y a hablar, y el resto de su vida a guardar silencio y sentarse. Algo no funciona bien.” Neil Degrasse Tyson

Recientemente leía en The Huffington Post un artículo donde se planteaba la necesidad de movimiento que tienen los niños en edad escolar. Y no se refería a actividades meramente deportivas (que también), sino al movimiento dentro de la propia escuela, dentro de clase.

Padres y educadores aún no somos plenamente conscientes (algunos ya ) de que esta necesidad de movimiento va más allá del valor per se del ejercicio físico, ya que está completamente ligada al desarrollo cognitivo y el desarrollo motor. Sí, necesitamos movernos para aprender a leer, escribir, contar, pensar, memorizar… Diversos estudios han demostrado que los niños con necesidades educativas especiales tienen, a menudo, habilidades motoras gruesas pobres. Para comprenderlo mejor, aquellos niños que tienen dificultades en lectoescritura, cálculo, atención o memoria de trabajo suelen ser aquellos cuyos movimientos físicos son más descoordinados, torpes o lentos; aquellos a los que todavía les queda mucho por trabajar a nivel físico para desarrollarse a nivel cognitivo.

Estos mismos estudios afirman que aquellos niños con trastornos en el desarrollo de su coordinación o que presentan dificultades motoras no diagnosticadas obtienen puntuaciones más bajas en sus funciones ejecutivas (memoria de trabajo, inhibición de la conducta, cambio de tarea, planificación y fluidez verbal), habilidades éstas necesarias no solo en el ámbito académico, sino en la vida real.

La evidencia científica demuestra que la actividad física regular tiene múltiples ventajas para la salud física, mental, y cognitiva, estableciendo una relación entre el ejercicio de intensidad fuerte o moderada y la estructura y el funcionamiento del cerebro. Los niños que son más activos demuestran más atención, tienen una mayor velocidad de procesamiento mental y obtienen mejores resultados en pruebas académicas estandarizadas que los niños que son menos activos. (Por supuesto, el rendimiento escolar también está influenciado por otros factores, como la participación de los padres y el estatus socioeconómico). Por tanto, si garantizamos que los niños y adolescentes alcancen los niveles de actividad física recomendados incidiremos positivamente en el rendimiento académico general.

Como veis, aquí no hay lugar para “opinólogos”, “profesaurios”, el “siempre se ha hecho así” o el “pues a mí me fue bien sin moverme de la silla” …Es medicina, ciencia, ¡demostrado!

En la misma línea, James F. Sallis, profesor de medicina familiar y salud pública de la Universidad de California en San Diego,  ha investigado la asociación entre los recreos y el comportamiento en el aula y concluye que “la actividad ayuda al cerebro de muchas maneras”, ya que “estimula más vasos sanguíneos en el cerebro generándose así más células cerebrales.”

Y a pesar de todo esto, seguimos empeñados en que los niños, desde la edad de Infantil, estén sentados muchas horas del día haciendo fichas, coloreando, rellenando libros… En definitiva: prácticamente inmóviles de cabeza para abajo. ¿A qué esperamos para poner en práctica lo que ha demostrado la ciencia?

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Esta relación entre el movimiento y el pensamiento de nivel superior o funciones ejecutivas, puede explicarse desde el punto de vista del funcionamiento del cerebro: las regiones cerebrales subcorticales involucradas en el movimiento (los ganglios basales y el cerebelo) se comunican recíprocamente con las regiones corticales superiores. Esta visión del funcionamiento del cerebro es diferente del paradigma tradicional que asumió durante años que el pensamiento sólo ocurría dentro de las regiones corticales superiores, particularmente en la corteza prefrontal. La neurociencia ahora reconoce que el pensamiento no se da de manera aislada, ya que el movimiento y la cognición están estrechamente entrelazados.

Algunos grandes educadores de la historia comprendieron esta interrelación del movimiento y la inteligencia (aunque ninguno de ellos fuera consciente de los circuitos descritos anteriormente). Montessori creó aulas que son esencialmente lugares de entrenamiento motor (y sensorial). Ella afirmaba que cuando pensamos en la actividad intelectual siempre imaginamos a personas sentadas inmóviles. Sin embargo, el desarrollo mental debe estar conectado con el movimiento en una relación de interdependencia. Es vital que la teoría y la práctica educativa tomen conciencia de esta idea.

Steiner, por su parte, creó escuelas donde el juego libre, los movimientos rítmicos y la actividad artística son parte esencial de su curriculum. Emmi Pikler, en otro lugar y momento histórico, defendió en su trabajo y con sus obras la necesidad de movimiento libre en los niños. Y así un sinfín de autores que, desde una u otra perspectiva, abogan por el movimiento en la infancia como parte esencial del aprendizaje.

¿Qué más necesitas para saber que tener a tus alumnos sentados la mayor parte del tiempo NO FAVORECE su aprendizaje? A todos aquellos docentes, educadores, padres, equipos directivos, orientadores… ¡Muévanlos, muévanse!

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Bibliografía: