Trasteadores: Javier Arias

Javier Arias Bonel
Javier Arias BonelCEIP Ventura Rodríguez, Madrid
Cuando hablamos de innovación hablamos de cambio, de introducir mejoras en los procesos educativos. Estamos ante un nuevo escenario más complejo y en constante movimiento donde los avances tecnológicos, sociales, económicos, educativos… han modificado las formas de aprender y, con ello, la forma de enseñar.
Cuando hablamos de innovación estamos hablando de flexibilidad, cooperación, integración, creatividad, imaginación, creación…
¡Pero cuidado con la innovación!: innovar no es cambiar la pizarra verde por una digital y la tiza por el ratón, o los libros por fotocopias o apuntes. Innovar es modificar lo que sucede en el aula: la actividad del alumno y la del profesor. Las TIC deben incorporarse a contextos educativos innovadores pero el uso de la tecnología no supone innovación alguna por sí misma. Si la actividad del alumno continúa siendo la misma: receptiva, pasiva, reproductora… no hablamos de innovación.

Cuando comencé a trabajar me planteaba cada día cómo iba a explicar tal o cual tema a mis alumnos. Ahora, 25 años después, me pregunto qué voy a conseguir que ellos hagan sobre ese tema. El enfoque es totalmente distinto.
¿Cómo queremos que nuestros alumnos aprendan y sean más autónomos si les decimos siempre y en todo momento qué deben y cómo deben hacer las cosas?. Debemos ceder el protagonismo de lo que sucede en el aula a los alumnos.
Quiero decir que no hay que innovar para cambiar las cosas, creo que hay que innovar porque las cosas cambian. Es un desafío ineludible al que no podemos renunciar.

Aquí me encontraréis

¿Cómo innovas en el aula?

Siempre he sido algo inconformista. Hace años que dejé de utilizar el libro de texto único para todos los alumnos. En primer lugar, porque me resultaba difícil atender la diversidad del aula con una única propuesta cerrada, como es el libro.  Además, tras 25 años impartiendo clases en Primaria, comprobé que el libro transmitía una idea errónea del aprendizaje: un saber encapsulado, memorístico  y repetitivo. Y en último lugar, el libro supone cierta desprofesionalización del maestro. El libro marca la secuencia de lo que se trata en el aula y la profundidad.  Me niego a que una editorial decida qué se enseña, qué lecturas se realizan, qué preguntas se formulan, qué ejercicios hacen mis alumnos. Ser maestro es algo más que ser un mero aplicador de libros o guías didácticas.

Una vez tomado ese camino, opté por diseñar mis propios materiales utilizando las TIC que ofrecen un potencial  enorme.  Utilizo herramientas de autor como Cuadernia, Hot Potatoes, Flash, servicios educativos de Google y cientos de herramientas de la web 2.0 siempre desde una óptica colaborativa. Los alumnos han pasado de ser receptores a ser creadores de conocimiento. Ningún libro puede aportar nada ante un Proyecto colaborativo en situaciones reales de comunicación.

Después eliminé las notas y los deberes tradicionales (no con poca resistencia de familias y compañeros), creo que no sirven para lo que dicen que sirven: las notas deberían ser una ayuda para el alumno y una guía para el maestro.  Evaluar no es solo la constatación de resultados al final de un período, la evaluación se realiza durante todo el proceso y debe ayudar al alumo a mejorar y al profesor a ajustar mejor su diseño programático, pero no es así, las notas siguen sirviendo para clasificar entre buenos y malos.

Por otro lado, no creo en una escuela individualista y competitiva, donde para ser el mejor o el primero de la clase sea a costa de que exista el peor o el último, donde los alumnos compitan por la nota o por “el positivo”. Creo en una escuela integradora e inclusiva, donde todos los alumnos puedan avanzar segun sus posibilidades, donde se respeten los ritmos de trabajo y los estilos de aprendizaje;  una escuela donde los alumnos cooperen para aprender juntos y además de conocimientos adquieran valores como la ayuda mutua, la cooperación, la solidaridad o la tolerancia.   Desde hace algunos años vengo poniendo en práctica técnicas de trabajo cooperativo y una metodología basada en aprendizaje por proyectos.

¿Qué mejorarías de nuestro sistema educativo?

¡Hay tantas cosas que mejoraría!: la rigidez, la burocracia, el conformismo….

Una de ellas, sin duda, la formación del profesorado, tanto la formación inicial como la continua. Creo que hay muchos aspectos de mejora, entre ellos, la falta de cultura colaborativa del profesorado y los conocimientos sobre metodologías activas.  Uno de los grandes males es la ausencia de colaboración, de trabajo en equipo entre docentes. Un maestro no puede trabajar solo.

Crecemos juntos, vivimos juntos, nos educamos juntos y aprendemos juntos. Somos Comunidad. Un primer paso  sería la creación entre los docentes de comunidades de aprendizaje colaborativo y establecer sesiones de docencia compartida, como dije antes.  Exige disponer de tiempos de coordinación, para planificar y organizar tareas, consensuar puntos de vista; diseñar la evaluación, etc… Por ello, sería necesaria la colaboración entusiasta de los equipos directivos y la Administración educativa. Pero, sinceramente, no creo que sea una de sus preocupaciones. Y ninguna ley va a promover ningún cambio educativo. Cualquier cambio o mejora pasará, sin duda alguna, por los maestros.

Me gustaría que los maestros tuviéramos más autonomía y pudiéramos trabajar por “afinidad pedagógica” con otros compañeros/as y no como ahora que se elige por mera antigüedad sin otros condicionantes. El horario y la división rígida en asignaturas no ayudan al trabajo cooperativo y a un aprendizaje significativo. No están al servicio del alumno.

También hay que mejorar, junto a esa autonomía, la rendición de cuentas. No hacemos una auténtica evaluación de nuestras prácticas docentes: ni los equipos directivos ni la inspección, ni el Claustro… Un profesor no tiene casi que dar explicaciones de sus resultados. Y así es difícil salir de esa “zona de confort” en la que estamos instalados. Es curioso que siendo la escuela uno de los lugares donde más se evalúa (dividimos los tiempos en evaluaciones, hacemos evaluación inicial, continua, final, parciales, memorias, actas…), sea uno de los lugares donde menos se cambia o se cambie más lentamente. Eso dice mucho de nuestro concepto de “evaluación” y, por tanto, de nuestras prácticas pedagógicas.

Mi aula ideal

Ya conseguí un aula sin libros de texto, sin deberes, sin notas, sin pupitres en filas de uno, sin mesa del profesor… Pero queda mucho por hacer. Mi aula ideal sería muy diferente a la que tengo, al menos, desde el punto de vista físico. Hace unos años pude asistir, con motivo de un premio escolar, a un Seminario educativo gracias al programa escolar eTwinning. Estuvimos en un Future Classroom Lab, que tiene la European Schoolnet en Bruselas. Fue una experiencia inolvidable: un aula enorme, dividido en áreas de trabajo (de creación, de desarrollo, de intercambio, de interacción…) con sillas movibles, con herramientas tecnológicas, rincones funcionales; un escenario en los que los alumnos pueden desarrollar aprendizajes autónomos basados en la investigación y la experimentación mediante el trabajo en grupo, la reflexión individual y la guía del maestro.
Aun así, hoy día con ayuda de las TIC se han roto los muros de la escuela y la fuerza del aprendizaje es imparable, el espacio y el tiempo han tomado otra dimensión. Mi aula es mucho más que las 4 paredes donde imparto clase y, afortunadamente, la de mis alumnos/as también.

Trabajando en clase

Mi trabajo

Desde el año 2005 participo en el programa eTwinning, un programa de colaboración escolar con otros centros europeos a través de internet. Creamos grupos de trabajo entre alumnos/as de varios países y trabajamos juntos en un mismo espacio, llamado Twinspace, que ofrece un repositorio para almacenar documentos, consta de blog, wiki, chat, foros y muchas otras herramientas. Todas las tareas se realizan de forma colaborativa, en situaciones auténticas de comunicación. Supone derribar fronteras y abrir nuestra aula y nuestro centro a otras realidades y otras culturas, estrechar lazos de cooperación y mejorar las competencias de nuestro alumnado.
Hace un par de años tuve la oportunidad de participar en un proyecto extraordinario, titulado “¿Conoces este cuento?: alumnos/as de diferentes edades (portugueses de Infantil 5 años, italianos de 8 años y españoles de 11 años) trabajando juntos para crear unos entrañables vídeocuentos ilustrados.

Ahora tengo entre manos varios proyectos colaborativos: La radio escolar, la escritura creativa, los juegos, el teatro,… son ejemplos de proyectos de trabajo.
He reservado un horario semanal para un proyecto titulado “Los Viernes, Poesía” en los que participan alumnos de todo el centro, antiguos alumnos, familias, profesores, y toda la comunidad escolar. Una iniciativa para aprender, leer, recitar y crear poesía.
Ante la desigualdad, la discriminación o la injusticia, la escuela no puede ser neutral o permanecer impasible. Por eso tengo en marcha el proyecto “Encendiendo Luces”- Luces para la ciudadanía global- en el que trabajamos la solidaridad, la cooperación, la lucha contra la desigualdad y la discriminación… esa que hoy está tan de actualidad en toda Europa. Como decía Mandela, “la educación es la mejor arma para cambiar el mundo” y en ello estamos, luchando por un mundo más solidario, más justo y más equitativo.

Más que dificultades, digamos, ciertas “resistencias”. Introducir cambios no es fácil. Hay compañeros, familias… que ofrecen resistencias al cambio, acostumbradas a las inercias del sistema educativo (las notas, los deberes, los libros, la explicación del profesor…) pero cuando ven los resultados te ofrecen un apoyo decidido, incuestionable. De hecho, a veces, uno se siente algo “clandestino” y trabaja, digamos, “en silencio”, sin que nadie se dé cuenta y sin alzar mucho la voz. Es triste pero no deja de ser cierto que en algunos Claustros muchos profesores intentan destacar lo menos posible e innovan en el aula “casi pidiendo perdón”, son casi invisibles.
Yo creo que es necesario abrir las puertas y ventanas y explicar qué estamos haciendo. Por ello, todos los proyectos tienen una fase final importante de difusión con el objetivo de compartir experiencias y recoger opiniones que nos hacen avanzar e introducir mejoras. Poco a poco algunos detractores se van contagiando y se animan a iniciar experiencias e introducir pequeños cambios en su práctica diaria.

Trabajar en equipo no es sencillo, es necesario aprender y no hay una tradición de trabajo docente colaborativo en los Claustros. Durante muchos años me sentí más cómodo entre grupos de trabajo formados por maestros/as de otros países que con mi propio Claustro. Allí podía con total libertad discutir, compartir experiencias, proponer nuevos caminos, debatir tareas,… Afortunadamente, eso va cambiando pero muy despacio. Hoy puedo disfrutar de algunas sesiones de docencia compartida, lo que supone la presencia de dos maestros/as en el aula con las ventajas que tiene de doble atención para el alumnado. Lo recomendaría a todo el mundo. Desde hace tres o cuatro años venimos formando pequeños Grupos de Trabajo con miembros del Claustro de diferentes niveles y especialidades educativas que proporcionan un espacio de reflexión muy interesante. Esta opción de trabajo en equipo, de colaboración, de compartir experiencias e ideas no solo ha supuesto una excelente forma de desarrollo profesional sino también una vía magnífica de enriquecimiento personal.

Recuerdo muchas lecturas que me impactaron quizá porque chocaron frontalmente con lo que hacía en mis clases.
Yo explico pero ¿ellos aprenden?, de Michael Sant Onge o “Teaching with your mouth shut” (Dar clase con la boca cerrada) de Don Finkel
Y muchos otros escritos de Juan Delval, Álvaro Marchesi, Neus Sanmartí, José Albericio,… que hablaban de protagonismo del alumno, de atención a la diversidad, de actualización didáctica.

Pero, sin duda, uno de los autores que más me ha influido ha sido Pere Pujolás que, desgraciadamente, falleció este pasado verano. Fue un auténtico gigante pedagógico, un pionero, cuyo trabajo sobre aprendizaje cooperativo y escuelas inclusivas nos acompañará siempre.
En Lengua Española he aprendido mucho de Daniel Cassany, de Felipe Zayas o Anna Camps, expertos en didáctica de lengua y literatura o del maestro en TIC Pere Marqués. Pero han sido muchos los autores que me inspiran y por eso no dejo de asistir a Congresos, Jornadas, Cursos, Seminarios y otros eventos educativos.

Hay muchos otros profesionales anónimos, tan importantes como aquellos, a los que debo inspiración, de los que no paro de aprender: tantos y tantos maestros con los que comparto experiencias a través de redes sociales, grupos de trabajo, encuentros didácticos, cursos de formación,… a lo largo de varios años. Muchos de ellos, sin saberlo, me han aportado ideas y experiencias que han contribuido a abrir nuevos caminos y seguir trasteando por este mundo educativo.

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