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Nos presentamos

Me llamo Marta Ferrero

Soy madre, periodista y tengo un Máster en Educación Secundaria.

Trabajo en Onda Regional de Murcia donde realizo desde hace 8 años un programa de animación a la lectura (La Tribu Imaginaria). Todas las semanas me desplazo hasta un colegio de la Región de Murcia y hablo con los niños de los libros que les gusta leer y de todo lo que se nos ocurre. En directo y sin la intervención de sus profesores.

Habré podido hablar con más de 4000 niños de primaria en estos años y me he dado cuenta de varias cosas importantes:

En la radio, donde los niños son sólo voces sin cara, realmente todos son iguales. El oyente no sabe si lo que escucha es un niño que va vestido con ropa cara o heredada mil veces o si lleva uniforme, si va mal peinado o no ha podido desayunar, si nació en Murcia o viene de otro sitio (aunque esto por el acento sí puede adivinarse), ni siquiera si tiene alguna minusvalía…

Pero en esos pocos minutos, se sabe de verdad si le gusta el colegio.  Si empiezas a preguntarles cuál es su asignatura favorita y sorprendentemente, la mitad te dice que matemáticas, sabes que su maestra lo está haciendo bien. Si te cuentan con alegría que ayudan en la biblioteca y se pasean por las clases de los niños más pequeños recomendando libros, si han hecho un trabajo sobre las plantas y te explican entusiasmados la reproducción asexual y la fotosíntesis, si saben quién es Osiris o Ra porque la semana cultural era sobre Egipto o te recitan los títulos de las novelas de Verne porque les encanta leer, sabes que alguien está haciendo bien su trabajo.

Como madre, cuando me planteé decidir en qué colegio estudiaría mi hijo lo tuve fácil. Elegí uno de aquellos en los que los profesores lo estaban haciendo bien, con proyectos en los que se implica toda la comunidad educativa, de titularidad pública y cerca de mi casa. Yo no tuve problemas porque he recorrido muchas escuelas, pero no todos los padres saben qué se hace dentro de los colegios. Los centros privados utilizan todos los medios a su alcance para vender sus excelencias, pero hay muchos profesores y muchas escuelas públicas que también están realizando proyectos muy innovadores sin que nadie se entere. Y no son noticia.

Por eso decidí colaborar con Laura y convertirme en trasteadora.  Soy presidenta de la asociación de padres de mi colegio y sé que a veces cuesta que los padres se impliquen en el funcionamiento de un centro, pero es imprescindible y nos da la posibilidad de apoyar a aquellos profesores que trastean. Soy periodista y no siempre puedo contar en mi medio aquello que debería ser lo normal, lo que funciona bien.

El cambio es contagioso… E imparable. Vamos a intentar dar publicidad a todos los trasteadores que conocemos y a los que nos vayamos encontrando por el camino. Nuestro sistema educativo es como un desván, donde hay muchas cosas que no sirven y habría que descartar, pero donde también podemos encontrar muchos tesoros, siempre que sepamos elegir bien los trastos. Por eso, a partir de ahora: ¡A trastear!