Gracias por no utilizar libros de texto innecesarios

Eva Bailén

Llega septiembre, y con él la famosa vuelta al cole. Cada vez se anuncia la vuelta al cole antes, cuando apenas han empezado las vacaciones de verano ya se ven campañas publicitarias recordándonos que todo lo bueno se acaba, para que no nos acostumbremos demasiado a vivir sin horarios. A mí me recuerda ya a otras fechas meramente comerciales, y es que no había ningún día del padre, ni de la madre ni de los enamorados que celebrar después del verano, y las navidades aún quedan demasiado lejos, así que ahora se aprovecha esta fecha para vender de todo, hasta jamones.

No me hace ninguna gracia la vuelta al cole, y menos cuando esta supone un desembolso de dinero desmesurado como el que nos aplica a muchas familias. Los libros de texto suben de precio según suben de curso los niños, y en segundo de la ESO, que es lo que me toca a mí, un libro de Matemáticas puede costar cerca de 40 euros, y lo mismo el de Lengua y Literatura, el de Física y Química o el de Biología. Ir a la librería a por 4 libros y gastarse 140 euros suena indecente. Yo pensé que la dependienta se había equivocado, qué ingenua. Me explicó que no, y me detalló la factura. Si hubiera perdido ese dinero por la calle creo que no me habría sentado tan mal. Hasta 300 euros han costado los libros de mi sobrino, también en segundo de la ESO.

No entiendo que el nuevo título de Ildefonso Falcones, por poner un ejemplo, “Los herederos de la tierra”, con una longitud de 896 páginas, cueste unos 22 euros, siendo como es un libro original, una obra literaria, el trabajo de un autor, poniendo todo su talento y genialidad a disposición de los lectores, por un precio razonable; y sin embargo los libros de texto, que vale que tienen ilustraciones, y mucho trabajo que seguro que ni nos imaginamos, pero que no aportan nada que no se sepa ya, cuesten ese dineral.

Para los millennials y los nativos digitales, los libros de texto no deben resultar mucho más atractivos que lo eran para nosotros, porque los niños hoy siguen decorándolos con dibujos y acaban destrozándolos cada año, como cuando yo era pequeña. Y si alguno hay que se libra, y algún niño se modera y no lo destroza, tampoco creas que lo vas a poder reutilizar con tu hijo menor, o se lo vas a poder prestar a un sobrino, un amigo o un vecino, lo más probable es que cambie la ley, y los libros anteriores ¡ya no sirvan! ¿Cómo puede un libro dejar de servir? ¿Nos han hecho comprar durante años libros que cuentan mentiras? ¿Por qué ya no valen los libros? Si el Quijote de Cervantes, que data nada más y nada menos que del año 1605, sigue “valiendo” siglos después de su publicación ¿por qué no sirve un libro de Matemáticas de Primaria o de Secundaria de un curso para otro?

A los inconvenientes económicos hay que añadirle los de la logística, que se traducen muchas veces en otro atraco a la economía doméstica. La mochila que soporte el peso de los libros de texto no puede ser cualquiera, tiene que ser una súper mochila, acolchada, ergonómica, pero ligera, atractiva, resistente y con ruedas, aunque mejor nos vendría que usaran alguna tecnología como la de los trenes de alta velocidad y levitaran, porque si malo es que lleven el peso a la espalda, peor es que arrastren de ella. También puedes optar, si tienes suerte y el colegio dispone de ello, a alquilar una taquilla en el centro y que el niño, si se organiza bien, deje parte de los libros allí para no ir tan cargado a casa. Llegar al colegio con la mochila, los libros de texto, los cuadernos, los estuches, las reglas, el compás, el diccionario, la flauta, la calculadora y alguna otra cosa que seguro que me olvido es una odisea. Si yo tuviera que ir a trabajar así de cargada estaría de baja la mayor parte del tiempo y no ganaría para pagarle al fisioterapeuta. Pobres espaldas, cuellos, hombros y brazos de nuestros niños.

Y claro, una vez hecho el gasto hay que amortizarlo. Así que si se ha pedido comprar libros de texto, se tienen que usar, por favor, que no llegue el fin de curso y se queden temas sin dar, porque entonces sería como tirar el dinero por el retrete (si se acaba todo y se hacen todos los deberes, cueste el tiempo que cueste, al menos habremos aprovechado el dinero de buena manera). ¿Es que esto no hay quien lo arregle?

Yo quiero dar las gracias a todos aquellos centros educativos, a todos aquellos maestros y profesores que meditan mucho la necesidad o no de comprar libros de texto, que se preocupan por la economía familiar, por la libertad de movimiento y la higiene postural de nuestros pequeños, que son críticos con los contenidos de algunos proyectos editoriales, que se esfuerzan por generar sus propios contenidos, por no sobrecargar a los niños de peso y de deberes, que no piden comprar material sin más, que se coordinan con sus compañeros para usar un mismo cuaderno para varias asignaturas y que hacen la vuelta al cole más llevadera para los niños y sus familias. Gracias por no utilizar libros de texto innecesarios.