Empoderando, ¡que es gerundio!

Domingo Socorro

El otro día me lo recordaba un alumno que me encontré:
– ¿Te acuerdas? …te sentabas con nosotros en una mesa de alumno que ibas rodando de grupo en grupo semanalmente.

Y es que desde que fui consciente de la importancia de estar a la misma altura o por debajo de ellos, no tuve mesa de profesor dentro de mi aula.
Desde tiempos atrás siempre anduve con una mesa larga de infantil, que sobraba, con un tablero blanco más largo para poder meter a viaje mi desorden y así poder estar a la altura de la circunstancia.

Y aunque muchos no lo crean, empoderar a los alumnos por encima de uno mismo es crucial. Es gratificante verlos crecer como personas con las cosas que se hablan y dialogan.

Saber y ser inteligente no es lo mismo, Raúl.
Yo sé algo por experiencia y esfuerzo en la vida. Aprendí muchas cosas enseñando.

Cuando le decía esto a Raúl, un alumno que tuve en mi clase los dos últimos años, antes de jubilarme, me miraba fijamente y me decía:

– ¿No eres inteligente, profe?

Cuando le contestaba: ¡No! …no tanto como tú. Nos parecemos mucho, nos emocionamos rápidamente, somos unos llorones cuando se nos dispara al corazón, pero tú eres más inteligente que yo.

– ¡No puede ser, tú eres el maestro!
Yo no lo sé todo, Raúl. No soy una enciclopedia que lo guarda todo, egoísta y cerrada. Ya has visto que hay cosas que no sé y no contesto, cuando ustedes me hacen alguna pregunta.

– Pero nos quieres, ¿verdad? …me decía.
– ¡Claro que sí! …en eso no puedo fallarles.

Inteligencia es la capacidad que tiene un ser humano para la adaptación al medio. Sabiduría es el cúmulo de experiencias vividas, y tú eres muy joven aún para ser sabio. En eso sí que no me ganas. Sí sabes guardar con mimo las tuyas serás sabio, muy sabio, muchísimo más sabio que yo.

– ¡Imposible! …me respondía al instante.

Yo, que no soy inteligente, pero que si he acumulado saberes, me imagino a Raúl comiéndose el mundo que les di (siendo crítico, arreglándolo, cambiándolo, ajustándolo, liberándolo y liderándolo), siendo el sabio más sabio y crecido con firmeza en la autogestión de sus emociones.
Lo veo inteligente y sabio a la vez, sin ninguna duda.

Y es que La Escuela es eso y poco más:
Escuchar, comunicar vivencias y amar mucho. Es echarse a un lado, entregarles el mundo y mostrar diversos caminos para la elección personal.
Es darles paso a otros encuentros que les esperan en la vida para que vayan llenando su propio morral sin olvidar lo que hicimos y hablamos aunque se olviden de uno mismo.

Al fin y al cabo El Aprendizaje y La Educación es lo importante y no la persona que los acompañó en algún tramo de la autopista.

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