Fuente: María Fuertes

Fuente: María Flores

Los deberes escolares, ampliar la mirada

* Carlos Soledad

La recién llamada de atención de la Organización Mundial de la Salud (OMS) al Estado Español mediante su encuesta “Comportamiento de la salud en niños (2014)” (goo.gl/eJbm2m) ha encendido las alarmas. El estudio señala que los deberes o tareas escolares (América Latina) generan una importante presión que se traduce en estrés y que éste: se caracteriza por un incremento de comportamientos que ponen en riesgo la salud, como dolor de cabeza, dolor abdominal, de espalda, mareos y síntomas psicológicos, como sentirse triste, tenso o nervioso. Los datos duros del estudio colocan al sistema educativo español como el noveno europeo que más estresa a sus estudiantes.

También la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo (OECD) ha tomado partido en su estudio: “¿Los deberes perpetúan las desigualdades en la educación? (2014). Sus resultados indican que el Estado Español figura como el cuarto país de la OCDE en el que los alumnos de 15 años dedican más horas a los deberes, con más de seis horas semanales. La institución advierte que mayor cantidad de horas realizadas en deberes escolares no garantiza un aumento en el rendimiento escolar. Estas denuncias han fortalecido los argumentos del movimiento anti-deberes escolares. Pero, ¿de verdad son negativos los deberes? Muchos profesionales y expertos de todas las tendencias ideológicas señalan recurrentemente sus bondades, generando una discusión circular. ¿Quiénes tienen razón?

Argumentario a favor o en contra de los deberes

A favor de los deberes se argumenta que ayudan a crear hábitos de trabajo, superación y de esfuerzo personal. Para algunos aportan un valor pedagógico “incuestionable”, les enseñan a ser responsables y desarrollan su disciplina. Conectan a los padres con la educación de sus hijas/os. Refuerzan y contextualizan lo aprendido en clase, refuerzan el razonamiento y la memoria. Favorecen la formación complementaria y su contacto con el entorno. Ayudan a mejorar la lectura. Fomentan el autoaprendizaje. Promueven la creatividad y el trabajo en colectivo vía reuniones o virtuales mediante las nuevas tecnologías.

Por otro lado, en contra se argumenta que los deberes crean tensión entre padres e hijos, son generadores de conflictos y castigos. La falta de tiempo y competencia de las madres y padres reproducen la desigualdad social, algunos intentan ayudarlos, otros van a clases particulares o academias, algunos no tienen ni el dinero, ni el nivel académico. El abuso genera desmotivación y fatiga añadida a la jornada dentro de la Escuela. La sobrecarga se debe a la incapacidad para enseñar lo que se debería en el horario escolar. Los alumnos ven en los deberes una prolongación de la educación inservible, el aprendizaje repetitivo, memorístico y sin contacto con el mundo real. Restringen el tiempo para otros aprendizajes igual o más importantes: tareas domésticas, relaciones sociales intergeneracionales, con la naturaleza, basadas en el ocio, el deporte y en el juego.

El movimiento anti-deberes

Incluye a personas de todas las edades y de muy variadas disciplinas, pero por supuesto también profesoras y profesores e investigadores de la Educación y la Cultura. De hecho, las primeras críticas surgieron en el ámbito académico. En los Estados Unidos llevan más de 70 años estudiando las perversiones y bondades de los deberes escolares. Durante los años 40’s y 70’s las críticas fueron implacables. Recientemente, Alfie Kohn, un gurú de la educación americana, respaldado por multitud de investigaciones, ha criticado radicalmente los deberes escolares, sentenciando que los deberes no proporcionan ningún beneficio académico para los alumnos de primaria y existen serias dudas sobre si son recomendables para los estudiantes de secundaria. También en el Reino Unido, la figura del exprofesor y director de colegio, Richard Gerver, ha tomado relevancia “Los deberes son una pérdida de tiempo y hacen más daño que bien”, quién ha tenido un éxito sin precedentes con la venta de su libro “Crear hoy la escuela del mañana” 

En 2006, dos madres nortamericanas, Sarah Bennet and Nancy Kalish publicaron un influyente libro “La lucha contra los deberes. Además de volver al largo argumentario en contra y de señalar que no existe evidencia científica que pruebe que más deberes implican mayor rendimiento académico, apoyándose en varios estudios científicos acusaron a los deberes escolares como los responsables de la obesidad infantil, ya que el exceso de deberes limita el tiempo de juego y ejercicio. Este libro emponderó las intuiciones de muchas madres y padres en los Estados Unidos que veían en los deberes la causa de que sus hijos perdieran su infancia sentados en un pupitre.

En Europa, el movimiento anti-deberes emergió con fuerza en el año 2012, cuando la Federación de Padres de Alumnos de Francia convocó a una huelga de dos semanas sin deberes para protestar contra los trabajos forzosos de sus hijos fuera del horario lectivo. Además del argumentario clásico, se apoyaron en la prohibición legal desde 1956, de no poner tareas para casa a los alumnos entre 6 y 11 años.

En el Estado Español, la Confederación de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos de España, CEAPA, y la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos, CONCAPA también han mostrado con distintas intensidades su rechazo a los deberes escolares. En un Boletín Oficial de 1973, el Ministerio de Educación y Ciencia sentenció sobre los deberes en su primer punto: “la extensión y naturaleza de estas actividades no han sido, ni son, las más adecuadas para la correcta formación de los educandos”. Lamentablemente, este principio se olvidó en las sucesivas leyes españolas. Jesús Salido, presidente de CEAPA ha señalado que está “en contra de toda actividad obligatoria fuera del horario lectivo”. Paralelamente, el movimiento por una racionalización de los deberes en los Colegios ha ido cobrando fuerza, poniendo énfasis en un proceso participativo que implique a toda la comunidad escolar y que desemboque en un protocolo que satisfaga las necesidades de todos los actores.

Ampliar la mirada

Es evidente que el debate no está cerrado. Es necesario hilar más fino. El problema no son los deberes en sí mismos, sino en el cómo se insertan en el proceso educativo, a qué metodología de aprendizaje sirven. Es útil ampliar la mirada, hacia el sistema escolar, hacia la sociedad, hacia el mundo.

Hemos de reconocer que los sistemas educativos parten de diferentes momentos. No es lo mismo el sistema finlandés, que el chino, mexicano o el del Estado Español. No son lo mismo, las sociedades donde se insertan estos sistemas educativos. Las metodologías dominantes, entendidas en un sentido amplio, cambian de un sitio a otro. Hay sistemas que permiten una mejor conciliación con el aprendizaje en familia y la vida al aire libre que otros. Pero hay un elemento que se repite globalmente, los sistemas oficiales de educación están controlados más o menos por las élites de los gobiernos o instituciones privadas que detentan el Poder. En todos lados del planeta, el currículum educativo (lo que se quiere enseñar) y el horario escolar se adapta a lo que el mercado laboral en una sociedad cualquiera necesita en ese momento. Aquellas/os inconformes que no tengan dinero extra, que no estén de acuerdo con el currículum oficial o con el horario impuesto desde arriba  y apuesten en formas alternativas de educación, normalmente podrían estar sujetos a la persecución de la ley.

Iván Illich revolucionó el pensamiento social del S.XX centrando sus críticas en la contraproductividad de las instituciones modernas. Importante precursor del actual movimiento ecologista por el decrecimiento, describió brillantemente la crisis sistémica por venir.  En su teoría de los umbrales, años 70’s, señaló como las instituciones modernas, después de determinado grado de desarrollo, se pervierten, generando lo contrario de su objetivo. La Escuela, entorpece, la Sanidad, enferma (iatrogénesis), el transporte (inmoviliza), por nombrar a algunas cuantas. El paso rutinario de toda mujer y hombre moderno por estas instituciones, tiende a normalizar la práctica, moldeando la visión de la realidad de cada una de nosotras.

Illich abogó por la “La Sociedad Desescolarizada” (1971). Muchas veces mal interpretado. Desescolarizar no quiere decir suprimir el proceso educación/aprendizaje. Contrariamente a lo que muchos analistas han expuesto sobre Illich, desescolarizar quiere decir, según su teoría de los umbrales, recuperar la proporción social adecuada para evitar que el proceso educación/aprendizaje se convierta en una imposición que limite el aprendizaje. Se trata de mantener el control del proceso educativo por las y los alumnos, de poder participar radicalmente en el proceso, de poder elegir lo que se quiere y se necesita aprender. A las instituciones que funcionan así, Illich las denominó herramientas convivenciales “La Convivencialidad” (1972).

Dicho esto, para las y los inquietos con el debate sobre los deberes escolares, es prioritario que reflexionen sobre qué tipo de herramienta de aprendizaje quieren para sus hijos. Un sistema que enseña, de forma conductista, mediante la rutina sistemática, que repetir y memorizar lo que el currículum señala es útil para obtener buenas notas, las cuáles facilitarán obtener al término de varios años graduados, un título para lograr ser empleado en un trabajo remunerado, comprar un coche y pagar una hipoteca. O, por otro lado, un sistema o herramienta convivencial, donde las niñas, niños y toda la sociedad, respetando la proporción social adecuada, participen directamente en el proceso dialógico de enseñanza/aprendizaje, logrando incidir en la creación de nuevas relaciones sociales que permitan promover la subsistencia económica de toda la sociedad y la reparación de la Madre Tierra. Es nuestra elección, es uno de los retos de nuestra generación.

Se puede luchar desde dentro del sistema educativo oficial para “forzar” metodologías más participativas o se puede intentar crear formas sin Poder desde el principio (algunas escuelas libres lo logran y otras no).  También es obvio que, entre uno y otro sistema, hay grados y cada quién debe ser libre de escoger el sistema que le apetezca. Pero, si partimos de aprender a aprender, de la interculturalidad y de la escuela inclusiva, es obvio, que prácticas como los deberes escolares abusivos, fuera del horario escolar, instruidos desde arriba, son un lastre para el aprendizaje.

* Carlos Soledad participa en la Asociación de Madres y Padres (AMPA) del Colegio Pare Català en la Comunidad Valenciana. Trabaja como profesor de educación no formal para personas mayores y tiene experiencia en diferentes etapas educativas, principalmente secundaria, adultos y colectivos marginados.